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El esperado regreso

Cuando muchos lo daban por acabado, Artime debió luchar demasiado para demostrar que, después de veinte años de carrera profesional, seguía vigente. Tal vez, tuvo la fortuna de encontrar el apoyo de los entrenadores Carlos Griguol y Carlos Biasutto, ambos amigos personales de su familia y ligados íntimamente al desarrollo futbolístico del Luifa. Mientras Griguol lo hizo debutar en Primera División, Biasutto fue quién lo guió en Córdoba, para que se transformara en el ídolo de la parcialidad celeste. Curiosamente, estos entrenadores tuvieron mucho que ver en la recuperación del goleador, en lo que sería su última etapa como futbolista. En Gimnasia lo cobijó, mientras se mantuvo en el cargo, Carlos Timoteo Griguol. Cuando tuvo que abandonar el club, porque Carlos Ramacciotti, el mismo técnico que le cerró las puertas en Belgrano repitió su actitud en el equipo tripero, apareció Carlos Biasutto, para llevarlo a Perú. Y la historia volvió a repetirse. Los resultados no lo acompañaron al entrenador que debió renunciar, al igual que cuando estuvo en Belgrano. Esa vez, le dijo: "Luifa, usted triunfará aquí". Y Artime se transformó en el ídolo y máximo goleador celeste. En Perú, la gente aprendió a gritar: "Olé... olé... olé... Luifá... Luifá" y Luis Fabián, se transformó en el goleador del Torneo. Pero su cabeza y su corazón, estaban en Alberdi.

Existieron un par de contactos entre los gerenciadores del club y Artime. El delantero, con respecto a lo que cobraba en Perú, bajó sus pretensiones en un cincuenta por ciento, pesificando sus ingresos. El gerenciador de Córdoba Celeste, Norberto Castaños, rápidamente aceptó la propuesta. Sueldo, alquiler de una vivienda y el cincuenta por ciento de la recaudación de un partido de despedida, fueron los puntos principales del contrato.

Artime llegó a Córdoba, firmó el nuevo vínculo y volvió al primer amor. El 7 de enero comenzó a trabajar bajo las órdenes de la dupla técnica integrada por Jorge Guyón y Osvaldo Sosa

El viernes 31 de enero, "el Luifa" volvió oficialmente a vestir la casaca celeste, en el que será su último ciclo como futbolista profesional. La cinta de capitán, la casaca número 9 que lo consagró y sus dos hijos: Iván y Rodrigo, así, ingresó a la cancha. El estadio vibraba. Una sola voz coreaba su nombre: ¡Luifa, Luifa!... Emocionado se sacó un par de fotos y comenzó a trotar lentamente. En frente, Juventud Antoniana de Salta, el rival de la primera fecha del Clausura del Nacional B 2003.

Arrancó el partido y a los ocho minutos, bajó una pelota que el arquero José Valdiviezo sacó con esfuerzo. Fue un llamado de atención, porque "el Luifa" estaba allí, en su hábitat: el área rival. Diez minutos después, y luego de una serie de rebotes, estableció la apertura del marcador, para el delirio de sus seguidores. Lentamente, con su movilidad por el frente de ataque, arrastrando las marcas y creando espacios, se transformó en la figura del partido. Pero aún faltaría lo mejor: a tres minutos del final, con un certero cabezazo estableció el dos a cero definitivo.

Después "el Celeste" caería como visitante ante la Comisión de Actividades Infantiles, por 2 a 1; pero volvería a la victoria, derrotando como local a San Martín de San Juan por uno a cero. A los nueve minutos del segundo tiempo, "el Luifa" recibió el balón, superó a su marca y cuando todos esperaban el fortísimo remate del goleador, le "colgó" el esférico ante la desesperada salida del arquero. Un gol que valió tres nuevos puntos.

Volvió a lo grande, a lo Artime. Porque la camiseta lo transforma, porque la gente lo motiva, porque ama Alberdi, porque en muchos casos, suple con inteligencia la falta de habilidad. Porque así es Artime: "De Corazón celeste".


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